La conexión que desafía nuestras creencias
- Melisa Machuca

- 3 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Hay conexiones que no se explican: se sostienen.
Incluso cuando todo alrededor se desordena, incluso cuando la vida hace ruido, incluso cuando uno cree que ya no puede más. Hay un hilo —invisible, obstinado, feroz— que sigue ahí. No se corta, no se afloja, no se resigna. Te ata sin asfixiarte. Te llama aun cuando prometiste no volver. Te encuentra en los silencios que no querías escuchar.
Una conexión así no pregunta por el contexto, ni por los errores, ni por la distancia emocional que a veces aparece como un muro. Se queda.
Porque cuando el amor es más fuerte que cualquier certeza, uno descubre que puede atravesar malentendidos, torpezas y miedos… pero no puede atravesar la idea de perder al otro. Ahí, todo lo mundano pierde peso. Las discusiones se vuelven pequeñas, los orgullos se vuelven ridículos, las excusas se desarman. Solo queda el vértigo de imaginar un mundo donde esa persona ya no existe en tu vida. Y ese mundo simplemente no se puede habitar.
A veces uno vive creyendo que lo que siente es normal, común, reemplazable. Que lo que tiene puede ser encontrado de nuevo, en otro rostro, en otro abrazo. Hasta que un día la vida golpea y entendés que no era “nada”: era todo. Era tu razón para creer. Tu manera de volver a confiar en el amor, aunque te haya dolido antes. Era ese refugio que nunca pediste pero que siempre necesitaste.
Por eso uno intenta. Una vez. Dos veces. Las que hagan falta.
No por dependencia. No por capricho.
Sino porque ciertas conexiones no se descartan: se honran.
Se perdona porque se reconoce lo esencial.
Se vuelve a intentar porque lo que une es más grande que lo que lastimó.
Se elige de nuevo porque hay algo en esa historia que no quiere terminar, que todavía late, que pide otra oportunidad para ser dicha de la manera correcta.
Y cuando alguien se vuelve la razón por la que entendiste que el amor existe de verdad,
cuando su presencia ordena, ilumina y nombra todo lo que antes parecía difuso,
cuando su ausencia duele más que cualquier herida…
Entonces lo sabés:
eso no se olvida así de fácil.
Eso se lucha.
Eso se cuida.
Eso se vuelve a elegir.





Comentarios